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15-03-2016 - 12:48

Cuando el ‘Doc’ controlaba el JNE y la ONPE

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José Portillo Campbell, jefe de la ONPE en tiempos de Vladimiro Montesinos.

José Portillo Campbell, jefe de la ONPE en tiempos de Vladimiro Montesinos.

El desembarco del candidato presidencial Julio Guzmán, por parte del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), me ha hecho recordar aquellos momentos oscuros del país cuando Vladimiro Montesinos -el asesor de Alberto Fujimori- controlaba ese organismo y la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
Montesinos puso como presidente del JNE al magistrado Alipio Montes de Oca, a quien le pagaba US$ 10 mil adicionales a su sueldo; y en la ONPE a José Portillo Campbell.

Portillo era un pintoresco funcionario. Cuando los periodistas le preguntábamos sobre el fraude que se cocinaba en las elecciones del año 2000 -que permitió la tercera elección de Fujimori-, Portillo, mostrando documentos, respondía con una frase que se hizo célebre: ‘Papelito manda’, igual que ‘la ley es la ley’.

Portillo fue procesado por una denuncia periodística que hicimos en la Unidad de Investigación de El Comercio, conocida como el ‘Caso del millón de firmas falsas’.

A mediados de enero del año 2000, un joven llamado Carlos Rodríguez llegó a nuestras oficinas. Nos contó que, en noviembre de 1999, él y otras 400 personas habían falsificado ¡más de un millón de firmas! para que el movimiento Perú 2000 (que postulaba a Alberto Fujimori) se inscribiera ante el Jurado.
Rodríguez estaba indignado porque no le habían terminado de pagar. Nos llevó a ‘la fábrica’ donde se había realizado la masiva falsificación. Era un edificio en Bellavista (Callao), a dos cuadras de la notaría Medelius, del congresista fujimorista Óscar Medelius, hombre de confianza de Montesinos.

Logramos contactar a más testigos. Lo que comprobamos fue de película. Los 400 falsificadores contratados habían trabajado las 24 horas, en tres turnos, durante todo el mes de noviembre para superar las 496,847 firmas que exige la ley para la inscripción de un partido político.

A los falsificadores se les entregó copias de los planillones de la ONPE. Allí estaban los nombres y apellidos, números de libretas electorales, firmas y huellas digitales de los votantes.

Ellos copiaban los datos de esas personas en la lista de adherentes de Perú 2000, luego imitaban sus firmas y colocaban su huella dactilar. La adulteración se hacía en quince mesas repartidas en tres pisos del edificio. En cada una de ellas ‘trabajaban’ diez personas. Utilizaban cincuenta lapiceros de diferentes colores y marcas, algodón, alcohol y un tampón.

Toda la operación era conocida por los más altos niveles del gobierno. La denuncia provocó un escándalo político. Pese a ello, Fujimori postuló con el nombre fraudulento de su partido y ganó las elecciones. Nunca voy a olvidar lo que dijo Portillo cuando fue entrevistado: “Todos los partidos falsifican firmas. Solo buscan escándalos y más escándalos”.

Aquellos tiempos oscuros parecen haber vuelto. No dejemos que esto vuelva a pasar.

Nos vemos el otro martes.

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