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08-12-2015 - 01:00

Callao, la selva de cemento

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El crimen de Wilbur Castillo es solo una muestra que el Callao se volvió madriguera del narcotráfico, la violencia y la corrupción.

El crimen de Wilbur Castillo es solo una muestra que el Callao se volvió madriguera del narcotráfico, la violencia y la corrupción.

El asesinato de Wilbur Castillo, con ¡25 balazos!, confirma una cruda realidad: el Callao es tierra de nadie, una selva de cemento y fieras salvajes, como dice la canción del gran Héctor Lavoe, el ídolo de los chalacos.

Tras el crimen, indignados congresistas, politólogos, exministros del Interior que nunca hicieron nada, generales en retiro y el propio gobernador, reclamaron que se le declare en emergencia e intervinieran las Fuerzas Armadas.

Lo que nadie dice, sin embargo, es que el Callao se volvió una madriguera del narcotráfico, la violencia y la corrupción por la permisividad de sus autoridades políticas. Todos los que ahora reclaman lo sabían.

Este columnista tiene en su poder cientos de pedidos que chalacos honestos enviaron al Congreso, al Ministerio Público, al Poder Judicial, la Contraloría y otras entidades más, implorando su intervención, sin respuesta alguna.

Existe, incluso, un informe de inteligencia que advertía la vinculación de las autoridades con el mundo del hampa. Relata que esto se inició en 1990, cuando Kurt Woll fue elegido alcalde del Callao y nombró como director municipal a Alex Kouri.

Ambos impulsaron una política asistencialista en las zonas más pobres como los jirones Áncash, Loreto, La Siberia, Rugia, Los Barracones, y los asentamientos humanos Coronguito, Chacaritas, Puerto Nuevo, Frigorífico y la Plaza de los Burros.

Crearon ‘cuadrillas’ de gente pobre, que incluía a personas al margen de la ley y ‘rankeados’ convictos. Se les colocaba en ‘planillas fantasmas’. Hasta se contrató como serenazgos a presos que salían en libertad.

Todo a cambio de que estuvieran a su disposición y les hicieran propaganda política para ser reelegidos eternamente en sus cargos.

Álex Kouri, por ejemplo, fue alcalde del Callao durante tres períodos consecutivos. Luego formó su partido ‘Chimpún Callao’. Su agrupación, por cierto, no tiene competencia. Controla el gobierno regional y los municipios del Callao, Bellavista, Ventanilla, La Perla y Carmen de la Legua.

La corrupción policial, de acuerdo con el informe de inteligencia, campea impunemente. Malos policías se coluden con delincuentes y se prestan a cualquier requerimiento, a cambio de una paga. Cita el caso específico del empresario Víctor Huarancca, cuyo terreno fue invadido por delincuentes el año 2012. Huarancca identificó entre ellos a doce policías del Callao y los denunció ante la Inspectoría en Lima.

Dos años después, luego de soportar amenazas e intentos de secuestro, el empresario logró que los efectivos fueran sancionados y pasados a disponibilidad.

Como se puede ver, las autoridades del Callao –que está a solo 20 minutos del centro de Lima- han permitido que se convierta en la tercera región más violenta del país, donde cada mes son asesinadas 10 personas en promedio.

El viernes, el gobierno decretó el estado de emergencia en esa región. Quiera Dios que no sea demasiado tarde.

Nos vemos el otro martes.

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