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10-11-2015 - 01:09

El teniente narco y el plan ‘Escorpio’

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El teniente del Ejército Wilmer Delgado Ruiz cobraba S/.50 mil soles por cada vuelo del narcotráfico desde el Vraem.

El teniente del Ejército Wilmer Delgado Ruiz cobraba S/.50 mil soles por cada vuelo del narcotráfico desde el Vraem.

El teniente del Ejército, Wilmer Delgado Ruiz, hacía alarde de lo bien que le iba como jefe del Batallón Contrasubversivo Alto Comaina Nro. 79, enclavado en el emporio del narcotráfico: el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem).

En su cuenta de Facebook publicaba fotos con fajos de billetes de dólares en sus manos y dándose la gran vida en bares y restaurantes. Como si fuera el protagonista de una película de ‘narcos’, todos los días Delgado llamaba por teléfono, escribía mensajes y hasta chateaba por WhatsApp con los narcotraficantes de la zona, para que sus avionetas pudieran entrar y salir repletas de cocaína.

Por cada vuelo, el teniente cobraba S/.50 mil soles. Estaba amasando una fortuna. Se calcula que desde las pistas clandestinas del Vraem salen entre seis y ocho vuelos diarios.

Delgado, sin embargo, no sabía que el número de su celular 943-197222 era ‘chuponeado’ por ‘Constelación’, el equipo de interceptación telefónica que tiene la policía antidrogas en el distrito de San Isidro.

Delgado fue detenido y encarcelado hace tres semanas junto con su esposa, quien abrió una cuenta bancaria en donde se depositaban los sobornos.

El gran trabajo de la policía, que durante meses enteros se la pasó escuchando y analizando las conversaciones del teniente Delgado, es digno de destacar.

Aún está vivo el recuerdo de lo que ocurrió en los años 90 en el Alto Huallaga, cuando Vladimiro Montesinos, con anuencia del presidente Fujimori, autorizó a las Fuerzas Armadas a vincularse con el narcotráfico, supuestamente para combatir el terrorismo.

Pocos saben de la existencia de un plan de operaciones de inteligencia denominado ‘Escorpio’, fechado en 1992, que formó parte de la acusación contra Montesinos.

El documento, que lo publiqué el 2002 en ‘El Comercio’, disponía que el destacamento del Frente Huallaga instalara un Puesto de Inteligencia (PI) integrado por dos agentes, para obtener información del accionar de Sendero Luminoso e identificar a sus principales mandos.

Se decía que los efectivos debían cubrirse con historias ficticias (HF) e infiltrarse en reuniones sociales. Hasta allí todo estaba bien. Sin embargo, en un párrafo se ordenaba: “Para afianzar la HF, el PI está autorizado para transportar, cuando la situación lo requiera, PBC y clorhidrato de cocaína, con la única finalidad de identificar y capturar a los delincuentes terroristas”.

Montesinos se las sabía todas. El documento era una fachada para justificar su alianza con los narcotraficantes. Muchos generales se hicieron millonarios, se compraron casas de playa, mansiones, modernos autos y pagaban al cash para no dejar huellas.

Un amigo me contó que en los años 90 un general que trabajaba en la selva, le compró su casa y le pagó con un costalillo repleto de dólares.

No hay que dejar que eso vuelva a ocurrir.

Nos vemos el otro martes.

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