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06-10-2015 - 01:13

Los secretos de Gregoria

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Se había pasado meses enteros persiguiendo a Gregoria Casas Huamanhuillca, señalada como la cabecilla de la minería ilegal en Madre de Dios.

Se había pasado meses enteros persiguiendo a Gregoria Casas, señalada como la cabecilla de la minería ilegal en Madre de Dios.

“¡Miguel, la ‘Tía Goya’ aceptó la entrevista. Dice que contará todo!”. Óscar Castilla, el gran periodista sabueso que tuve en la Unidad de Investigación de El Comercio, estaba emocionado. No era para menos. Se había pasado meses enteros persiguiendo a Gregoria Casas Huamanhuillca, señalada como la cabecilla de la minería ilegal y responsable del desastre ecológico en la selva de Madre de Dios.

Hasta ese momento, ningún periodista había logrado entrevistar a esta poderosa y enigmática mujer.

Ocurrió a mediados del 2012, cuando este Gobierno le declaró la guerra a la minería ilegal en Madre de Dios. Ningún régimen, por cierto, había puesto mano dura a los mineros ilegales, quienes durante cuatro décadas depredaron cientos de miles de hectáreas de bosques con total impunidad.

La entrevista con la ‘Tía Goya’ se pactó en Huapetuhe, su principal centro de extracción donde amasó su fortuna gramo por gramo. Ese lugar es un recóndito y casi inaccesible pueblo, parecido a los de las películas del viejo oeste norteamericano, donde la vida no vale nada.

En el último minuto, Gregoria cambió de sitio y pidió que fuera en su casa de Cusco. Cuando llegó al lugar, el periodista creía estar viendo una escena surrealista: delante de él, en una misma mesa, estaban Gregoria Casas, su esposo Cecilio Baca y sus hijos Yoni y Marco, sindicados como los más grandes mineros ilegales.

Lo primero que contó Gregoria con orgullo fue que ella no sabía leer ni escribir. Cuando llegó a Huapetuhe, a inicios de los años 70, tenía 23 años de edad. Todos se dedicaban a buscar oro en las quebradas, les decían los ‘chichiqueros’.

“Empezamos sacando entre 5 y 10 gramos a la semana. Había días en que no sacábamos nada. El oro no se siembra, pues, hijo”, narró.

Los mineros ilegales se volvieron ricos y el crimen ecológico se inició durante el gobierno del expresidente Alberto Fujimori. Gregoria Casas contó que en 1992 llegaron a Huapetuhe los representantes de las más importantes empresas de maquinaria pesada, como Volvo y Ferreyros, desatando la ‘fiebre de las máquinas’.

Los cargadores frontales se ofrecían entre 170 y 180 mil dólares. Los mineros pagaban una inicial de 30 mil al ‘cash’ y el resto en partes. El negocio era redondo. En un abrir y cerrar de ojos, la extracción del mineral ¡se triplicó! La máquina avanzaba más que el hombre y se pagaba sola. A nadie le importaba el crimen ecológico que se estaba cometiendo.

Gregoria, con fotos en mano, contó que era la cliente estrella de las compañías. La invitaron a Suecia y Brasil, y la hospedaron en hoteles cinco estrellas.

Hoy, Huapetuhe es un lugar arrasado. Gregoria es responsable por lo que hizo. Pero también hay otros culpables de esa tragedia ecológica, que hasta hoy pasan piola y caminan orondos forrados de dinero.

Nos vemos el otro martes.

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