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29-09-2015 - 01:33

Feliz día, ‘Taitaco’

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Quiero contarles a los lectores de Trome del extraordinario periodista y amigo que fue Javier Ascue.

Quiero contarles a los lectores de Trome del extraordinario periodista y amigo que fue Javier Ascue.

Hola, ‘Taitaco’, este jueves es el Día del Periodista. Como no puedo llegar donde tú estás, por aquel maldito accidente automovilístico que te llevó muy pronto, quiero contarles a los lectores de Trome del extraordinario periodista y amigo que fuiste.

A fines de los años 60, Javier Ascue Sarmiento era fotógrafo ambulante de la Plaza San Martín. Tenía 19 años, era de Toraya, un pueblito de Apurímac. Un día se enteró de que ‘El Comercio’ estaba haciendo un concurso para reclutar fotógrafos. Se prestó una cámara de segunda, se presentó y ganó.

A lo largo de los 32 años que trabajó en el diario, el ‘Taita’ Ascue se convirtió en una leyenda viva.

Fue el primer periodista que llegó caminando desde Chimbote hasta Yungay para retratar la desgracia del terremoto, que en 1970, mató a 80 mil personas y desapareció a otras mil.

En 1983, fue el primero en llegar a Uchuraccay y recoger los cuerpos de los 8 periodistas asesinados, con quienes había estado en un bar la noche anterior.

“Es algo que nunca voy a olvidar. Fue como si hubiese recogido los cadáveres de mis hijos”, me decía con sus ojos brillosos y mirando a ningún lado, cada vez que nos juntábamos en el mítico bar ‘Don Pedro’.

Una vez, navegando por la frontera con Colombia se encontró cara a cara con ‘Tiberio’, un violento jefe de las FARC. Unos cincuenta fusiles le apuntaron a la cabeza, pero Ascue, quien estaba acompañado del gran fotógrafo Lino Chipana, no se asustó.

Ascue tenía un don: terminó convenciendo al terrorista para que le diera una entrevista, que fue una primicia mundial.

Ascue era un monumento a la sencillez. Contaba sus historias como un niño. Recordaba la que sucedió en el primer viaje a la Antártida del buque científico Humboldt. Cuando se embarcó, vio que habían más invitados que científicos.

Estaba repleto de familiares, amigos y políticos. Envió su despacho por fax diciendo que el Humboldt más parecía un crucero de verano.

Al día siguiente, uno de los capitanes del buque fue a reclamarle. Ascue no entendía nada, hasta que el marino le sacó la portada del diario. “Usted es un malagradecido. ¿Por qué ha escrito esto? Lo voy a botar”, lo amenazó.

Cuando el barco llegó a Valparaíso, Ascue se bajó, pero antes le pidió a un marino que lo fotografiara. Se hospedó en un hotelito, se fue a una cabina y mandó su despacho.

Al día siguiente, la secretaria del director lo llamó preocupada. “‘Taita’, el director quiere hablar contigo”, le dijo.

Ascue temió lo peor. Cuando contestó, lo primero que hizo fue pedir disculpas: “Doctor, discúlpeme. No debí bajar del barco”. El director le respondió: “Javier, estoy orgulloso de usted. Hizo bien en bajarse. Lo felicito”.
Salud, ‘Taita’, por nuestro día.

Nos vemos el otro martes.

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