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21-07-2015 - 01:07

Un infierno llamado Lurigancho

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Para el jefe del INPE todo está en ‘orden’ en el Penal de Lurigancho. Ese cuento no se lo cree ni él mismo.

Para el jefe del INPE todo está en ‘orden’ en el Penal de Lurigancho. Ese cuento no se lo cree ni él mismo.

¿Puede haber algo más feo que el infierno? Sí, el penal de Lurigancho. Hace dos semanas, la periodista Dayana Cieza, del programa ‘Panorama’, hizo un sensacional destape: en esa cárcel los presos tienen piscinas, discoteca, Internet, toman licor y, por si fuera poco, cuentan con televisores y celulares.

El jefe del INPE, Julio Magán, pretendió desmentir el reportaje declarando que las imágenes y las fotos mostradas eran antiguas. Para él todo está en ‘orden’. Ese cuento no se lo cree ni él mismo, pese a que lleva casi una eternidad como funcionario penitenciario.

En 1993, cuando éramos reporteros de la Unidad de Investigación de ‘El Comercio’, el gran periodista Javier Ascue (en paz descansa querido ‘Javicho’) y yo pasamos cuatro domingos en la celda de un preso uruguayo para comprobar, con ‘nuestros propios ojos’, el rumor general de que allí imperaba la corrupción.

Nadie sabía que éramos periodistas. Para empezar, fuimos ‘coimeados’ en los siete puestos que tiene la policía entre la puerta de ingreso al penal hasta la celda de los presos. Los pretextos para ‘coimearnos’ eran inverosímiles. A mí me dijeron que la foto de mi DNI no era actual y a ‘Javicho’ que no podía entrar porque en su foto estaba con bigotes y ya no los tenía.

En total pagamos 14 soles en los 7 ‘controles’. ¿Se imaginan cuánto recaudan los policías en los tres días de visita a la semana que reciben los más de 9 mil internos que existen en esa cárcel? ¡Lluvia de millones!

Encontramos ron, cerveza, whisky y para los ‘misios’ chicha de jora. Salíamos ‘zampados’ de cada visita. Por supuesto, también se ofrecía cocaína, pasta y hasta éxtasis.

La prostitución de mujeres y homosexuales campeaban en todos los pabellones y los pasadizos parecían ferias de restaurantes. Allí me comí el cebiche de conchas negras más rico de mi vida a 50 ‘mangos’.

Identificamos a los policías, los ‘taitas’ y los ‘nachos’ (narcotraficantes) que manejaban el negocio. Descubrimos toda la red. Necesitábamos fotografiar todo lo que allí se vendía, pero no teníamos cómo hacerlo.

“No se preocupen, yo soluciono esto”, nos dijo el uruguayo. Salió a la puerta de su celda, silbó y se apareció un policía con una cámara fotográfica. Le engañó que era su cumpleaños y quería retratarse con sus amigos. Le pagamos S/.80 por media hora de alquiler de su cámara.

Salimos con el rollo entre las piernas y emocionados nos fuimos a celebrar en el primer bar que encontramos. Cuando ingresamos, casi nos desmayamos: en una larga mesa, unos cincuenta policías se repartían los cerros de monedas de sus ‘coimas’.

El mismo día que publicamos la denuncia, el gobierno de Fujimori relevó a los 250 policías de esa cárcel. Han pasado 22 años y las cosas están peor. Ya pues, señor Magán, no nos venga con cuentos.

Nos vemos el otro martes.

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