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30-06-2015 - 01:12

El gobernador regional que se creía intocable

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Wilfredo Oscorima se siente intocable, todopoderoso.

Wilfredo Oscorima se siente intocable, todopoderoso.

“Wilfredo Oscorima se siente intocable, todopoderoso. Tuvo la insolencia de regalarme un retablo ayacuchano. Me parece un pillo. Va a terminar mal”.

Fabiola Torres, la acuciosa periodista que tuve en la Unidad de Investigación, descubrió el 2011 que el gobernador de la Región Ayacucho, Wilfredo Oscorima, no caminaba derecho y terminaría en problemas. No se equivocó: hace dos semanas fue sentenciado a cinco años de prisión por corrupción y hoy está prófugo.

En aquella oportunidad, revelamos la historia desconocida del gobernador. Su vida parecía extraída de la película ‘El padrino’, la aclamada cinta estadounidense que narraba la vida de la familia Corleone.

Durante la campaña que lo llevó a la presidencia regional, Oscorima -al más puro estilo de don Vito Corleone- le hizo una propuesta a sus electores que no pudieron rechazar: les regaló S/. 100 soles para que votaran por él.

Oscorima vivía en el lujoso hotel Plaza de Huamanga, hacía regalos a la policía y al Ministerio Público y ¡no cobraba su sueldo! Decía que los S/. 12,038.46 que ganaba, los regalaba a organizaciones de caridad todos los meses.

Se ufanaba de tener ingresos mensuales de S/. 139,500 por sus actividades privadas. Regalaba dinero a manos llenas, entre ellos, a periodistas de varios medios de comunicación. Decía que había sido pobre, y de niño lavaba carros.

Lo que Oscorima no contaba, y eso fue lo que descubrimos en El Comercio, es que una fiscalía de Huamanga lo investigaba (y lo investiga hasta hoy) por el delito de lavado de dinero proveniente de la explotación ilegal de tragamonedas y locales de prostitución.

El meteórico y sospechoso ascenso empresarial de Oscorima comenzó en 1991, cuando se convirtió en socio de inversiones Palace S.A., el primer local de tragamonedas de Lima. Empezó como un simple empleado y terminó como dueño. Los propietarios, el millonario Juan José Poblete Vidal y el empresario Antonio García Arias, lo denunciaron por apropiación ilícita, estafa y fraude.

La denuncia fue archivada y la empresa quebró. Oscorima, sin embargo, ya había formado otra llamada Diversiones y Salones Musicales, dedicada al mismo rubro.

Esta compañía, según lo investigado, funcionó durante años al margen de la ley, protegida por acciones de amparo para evadir la supervisión del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, y el pago de impuestos a la Sunat.

Oscorima logró constituir otras cinco empresas más de tragamonedas, se compró lujosos vehículos, propiedades en Lima y Cañete, un departamento en San Isidro y una residencia en Rinconada del Lago (La Molina).

Una de sus últimas adquisiciones fue un moderno auto Audi, que parecía del año subsiguiente, valorizado en 187 mil dólares, que se lo regaló a su esposa Rosario Wong Ludeña, también investigada.

Ahora, Oscorima está perseguido por la justicia. Triste final de quien se creía todopoderoso y derrochaba dinero grotescamente en la segunda región más pobre del país.

Nos vemos el próximo martes.

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