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03-03-2015 - 12:44

El siniestro pacto entre el ‘Doc’ y Abimael

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 Vladimiro Montesinos visitó a Abimael Guzmán al día siguiente de haber sido recluido en la isla ‘San Lorenzo’.

Vladimiro Montesinos visitó a Abimael Guzmán al día siguiente de haber sido recluido en la isla ‘San Lorenzo’.

A las 9 de la mañana del 18 de octubre de 1992, al día siguiente de haber sido recluido en la isla ‘San Lorenzo’, Abimael Guzmán recibió la visita de Vladimiro Montesinos.

Al caer la tarde, ambos se despedían con fuertes abrazos, adulaciones, solo faltaba un trago para celebrar el siniestro pacto: Guzmán se rendía a cambio de gollerías y Montesinos traicionaba la memoria de los miles de peruanos, civiles y militares, que habían sido asesinados por Sendero Luminoso, que dirigía Guzmán.

Unos agentes de la Dirección de Inteligencia Naval (DIN), que estuvieron a cargo de la atención del senderista, me han contado detalles poco conocidos de aquellas insólitas visitas que durante tres semanas se realizaron, todos los días, de manera ininterrumpida.

Montesinos llegó con un suculento desayuno y una bolsa repleta de libros. Guzmán estaba recluido en una pequeña cabaña. Lo custodiaban 50 marinos dispuestos a matar. Su conviviente Elena Iparraguirre (‘Miriam’) estaba en otro ambiente, lejos de allí.

En un inicio, la conversación entre Guzmán y Montesinos fue tirante. Como Guzmán se mostraba reacio a dialogar, el ‘Doc’ le ‘metió’ miedo. Le sacó un decreto ley en el que el presidente Fujimori ordenaba fusilarlo. Allí figuraba el día, la hora y hasta el número de efectivos que se encargarían de la ejecución.

El terrorista, entonces, se tocó de nervios y se quebró. Luego todo fue fácil para Montesinos. A sabiendas de que Guzmán era un hombre dado al lujo y comodidades, cosa que la mayoría de sus huestes ignoraba, el ‘Doc’ le ofreció darle un buen trato: deliciosa comida, lectura de libros y periódicos, ver televisión y películas, llamadas telefónicas al exterior y hasta encuentros con su amada ‘Miriam’. Los agentes de la DIN no lo podían creer.

El colmo ocurrió cuando el día del cumpleaños de la Iparraguirre, Montesinos le envió una torta y una grabación de ‘My Way’, de Frank Sinatra, que la pareja escuchó llorando.

A cambio de todas esas gollerías y un probable pago millonario que hasta hoy no se ha investigado, Montesinos le pidió a Guzmán firmar el famoso ‘Acuerdo de paz’, que el Gobierno difundió estruendosamente en un video el 3 de diciembre de 1993.

Ese acuerdo era una farsa, lo único que buscaba Montesinos eran réditos políticos para su jefe Fujimori.

A Montesinos no le importó que el 5 de noviembre de ese año, mientras él tramaba ese arreglo con Guzmán, un grupo de senderistas ‘cosió’ a balazos y destapó el cráneo al coronel Manuel Tumba Ortega, un extraordinario policía que fue mi amigo, en venganza por haber mandado a construir la jaula donde fue mostrado el terrorista.

Pero como todo se paga en esta vida, hoy Montesinos y Guzmán están presos en el mismo lugar, de donde no deben salir nunca. Como una maldición, el pacto siniestro sigue vigente.

Nos vemos el otro martes.

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