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03-02-2015 - 12:47

Las otras mujeres del ‘Doc’

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Vladimiro Montesinos era un enamoradizo.

Vladimiro Montesinos era un enamoradizo.

Vladimiro Montesinos, el otrora todopoderoso jefe de los servicios secretos, era un enamoradizo empedernido. Su debilidad no tenía nada de malo, de no ser porque, a cambio de caricias y comprensión, utilizaba el dinero de todos los peruanos para costear su seductora generosidad.
El 2004, uno de sus mozos que lo atendía en sus noches de diversión y lujuria, me contó que antes que su secretaria y luego amante Jacqueline Beltrán, hubo tres secretarias más que lo hicieron sucumbir y entrar en ‘trompo’.

Ellas fueron Giovanna Castañeda, María Laura Salaverry y Lorena Puyó, quienes trabajaron en el SIN entre 1990 y 1997. Todas eran jóvenes, Giovanna tenía 20, María Laura 23 y Lorena 26 años, y fueron reclutadas de una conocida academia miraflorina por el coronel Roberto Huamán Azcurra, el ‘brazo derecho’ del ‘Doc’.

Montesinos estaba completamente enamorado de Giovanna hasta que descubrió que la joven lo engañaba con el policía asignado a darle seguridad. El pobre agente, que no sabía que su teléfono celular estaba ‘chuponeado’, pagó caro su osadía: fue enviado a un recóndito pueblo de la sierra donde ‘el diablo nunca había llegado’.

El ‘Doc’ enamoró a María Laura aprovechando su dolor, porque Sendero había matado a varios de sus familiares, y se prendó de Lorena por su aplomo y belleza.

A cambio de las caricias que le prodigaron, todas falsas por supuesto, el siniestro asesor de Fujimori recompensó a las tres jóvenes con casas, departamentos de lujo, autos, viajes, sueldos mensuales y luego las olvidó.

Montesinos, sin embargo, no podía con su genio de donjuán. Conforme se hacía más poderoso, se le dio por contratar ‘damas de compañía’ de alto vuelo, que le eran presentadas por una conocida instructora de aeróbicos y figura de la TV de ese entonces.

Montesinos recibía, como mínimo, cuatro visitas semanales en su dormitorio privado del segundo piso del SIN. Le gustaban las altas y rubias y por cada sesión pagaba mil dólares. Todo un ‘caballero’.

El coronel Roberto Huamán, su brazo derecho y quien se encargaba de filmar a escondidas a las autoridades que Montesinos corrompía, describió así los encuentros amorosos del ‘Doc’: “Nunca coloqué cámaras en su dormitorio. Allí él quería intimidad, ya que recibía muchas visitas femeninas. Él era un mujeriego, le llegaban buenas chicas que le mandaba la entrenadora”.

El ‘Doc’ también tenía su lado retorcido y extravagante. En una de sus declaraciones judiciales, Matilde Pinchi Pinchi, su amiga y ‘algo más’, contó a los jueces: “Hasta donde he escuchado, el doctor traía chicas y chicos del extranjero para que le hicieran striptease y sexo en vivo delante de él. Las personas que tienen mucho dinero creo que tienen una degeneración sexual en la mentalidad”.
No existe duda de que el ‘Doc’ ya había tocado fondo.
Nos vemos el otro martes.

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