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06-01-2015 - 12:35

Áncash, el botín de los corruptos

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Pocos recuerdan que el primer jefe regional defenestrado en el país fue de Áncash. Se trató de Freddy Ghilardi Álvarez

Pocos recuerdan que el primer jefe regional defenestrado en el país fue de Áncash. Se trató de Freddy Ghilardi Álvarez

Este 2015 estará marcado por el juicio que enfrentará César Álvarez, ‘La bestia’, el encarcelado expresidente regional de Áncash, acusado de corrupción y asesinato. Pocos recuerdan, sin embargo, que el primer jefe regional defenestrado en el país también fue de esa región. Se trató de Freddy Ghilardi Álvarez, un aprista de la vieja guardia, quien el 2003 fue vacado y acusado de malversación de fondos, peculado y tráfico de influencias, y también fue preso.

A inicios de ese año recibí una llamada telefónica de una persona anónima. ‘Ghilardi se está levantando en peso el billete. Tengo las pruebas’, me dijo.

Me citó en el bar del hotel más exclusivo de Miraflores. Se trataba de Alejandro Unzueta, quien durante tres meses había sido el gerente general del gobierno regional y ‘uña y mugre’ de Freddy Ghilardi, hasta que lo descubrió haciendo mal uso de los fondos públicos.

Unzueta miraba a todos lados asustado, mientras tomaba su vaso de Baileys. Sin más preámbulos sacó un fólder con documentos que probaban que Ghilardi había ordenado pagos, con la plata de la región, para él, su esposa, su hermano, su suegro y hasta su chofer. Unzueta temía por su vida, por eso entendió que la única manera de estar a salvo era entregándome los documentos para publicarlos.

Pero Ghilardi tenía una gran cintura para driblear las acusaciones. Apenas publicamos la denuncia, unos policías y fiscales de Huaraz, donde él era amo y señor, hicieron una ‘investigación’ y en tiempo récord lo absolvieron y acusaron a Unzueta por corrupción. Lo insólito es que los policías escribieron, en su atestado, que Unzueta había ido donde Alan García, el jefe del Apra, a difamar a Ghilardi.

Oportunamente, la Contraloría sacó un informe sindicando a Ghilardi de haber malversado fondos por S/.817.000, por lo que las investigaciones judiciales debían continuar.

Las pesquisas podían demorar años enteros, pero los consejeros de la oposición descubrieron que el presidente Ghilardi había faltado a ocho sesiones sin justificar su ausencia, lo cual era causal de vacancia automática.

El pleno acordó que la votación sería el 28 de noviembre. Lo que ocurrió ese día fue de película. Se necesitaban 15 votos para la vacancia, pero solo se tenían asegurados 11. En la mañana de ese día, mientras tomaba desayuno en mi hotel, me buscaron varios consejeros indecisos. Me preguntaron si lo que había publicado ‘El Comercio’ tenía sustento. No sé si los convencí, pero horas después 16 consejeros votaron por la vacancia de Ghilardi.

La gente salió a celebrar la caída de Ghilardi a la plaza de armas, pero una torrencial lluvia la interrumpió. ‘Esta lluvia es para lavar toda la corrupción que hubo aquí’, me dijo un transeúnte. Se equivocó, dos años después llegaría César ‘La bestia’ Álvarez.

Nos vemos el otro martes.

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